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lunes, 22 de noviembre de 2010

Que rime




Cuando algo empieza como empezó lo nuestro, sólo hay dos posibilidades: Que acabe fatal, o que acabe genial. Que rime. Fatal, Genial. Que rime. Lo nuestro, por supuesto, ha acabado genial. O a empezado, más bien. Termina para empezar. Algo así como el embarazo y la vida. O como la vida y la vida eterna. Qué lío. Tú y yo lo entendemos, creo, y eso es suficiente.  
Y funciona tan bien porque es una relación muy intelectual. Intelectual. Genial. Que rime. Una relación de manos, de ojos. De tacto, de miradas. Una relación de paseos, de tomar fotografías con réflex analógicas. De risas, de dolores de cabeza. ¿Dolores de cabeza? Dolagial. Dolagial, Intelectual, Genial. Que rime.


Ahora toca eternizarlo, suavizar los accidentes costeros, tranquilizar los desatinos.
Para siempre. Para nunca más.

lunes, 18 de octubre de 2010

Diálogo volátil

Dialogar con tus fotografías
no es menos placentero
que hacerlo contigo.

Eres una chica volátil, una
especie de teléfono con alas,
un jarrón de agua fría
bajo el sol de Agosto.

Eres una ilusa, ilusionista más bien,
que juegas a hacer desaparecer
mi sonrisa pendularmente,
al ritmo que marcan tus caderas.

Al fin y al cabo,
si mezclamos el tú
y el yo,
nos queda un simple
to y otro absurdo yú.

domingo, 23 de mayo de 2010

Se ha perdido una mujer y yo la he encontrado.

En el cartel ponía “desaparecida”, pero yo sabía que se había escapado. Por la mirada. Aquella foto te miraba como si quisiera salir del papel, con una mezcla de infelicidad y ganas de ver mundo. Estaba claro que no había sido secuestrada. Simplemente se fue, y por eso el cartel era cierto pero equívoco.

“Desaparecida”.

Cuando la encontré, simplemente me acerqué y le dije “¿me haces una foto?” y ella me la hizo y salí con una expresión entre insatisfacción y ganas de conocer países lejanos y cuando se la enseñé, ella en seguida lo comprendió todo y sonrió y aproveché su sonrisa para hacerle un retrato que pensé que podría venir acompañado de la palabra “encontrada”, y entonces sonreí yo también y ella me quitó dulcemente la cámara de las manos y congeló mi expresión para siempre.

En este momento hay dos sonrisas justo al lado del río de esta tierra de pescadores y saldría una foto preciosa los dos cogidos de la mano, pero no hay nadie más presente para retratarnos, y tampoco hace falta.