El gesto de pensar no tiene cuerpo,
y si lo tiene,
es, seguro, desigual,
de formas oscuras,
o lo olvidé, o no lo supe,
o tal vez te vi en el autobús,
o quizá me saludaste.
Estoy enamorado de tu ombligo.
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sábado, 17 de julio de 2010
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